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La historia del arquitecto que creó el pesebre de Venecia

Desde sus 17 años, el arquitecto Luis Fernando Betancur comenzó a adentrarse en el universo de los pesebres hasta convertirse en el artífice de uno de los más famosos del país.

Después de casi dos décadas de permanecer guardada en el baúl de los recuerdos, una pequeña fotografía que capturó el primer pesebre que se instaló en la iglesia de Venecia volvió a ver la luz.

Compuesto por un reducido puñado de casas, cada una con los aleros, balcones, ventanas y portones de madera característicos de la arquitectura antioqueña, el montaje fotografiado logra verse dominado por una iglesia de una torre imponente y una montaña verde de lomas escarpadas.

El pasado 1 de diciembre, mientras ajustaba los últimos detalles del ya tradicional pesebre de ese municipio que se exhibe este año —compuesto por más de 370 edificaciones y más de 2.600 pequeños habitantes—, el arquitecto Luis Fernando Betancur Merino suspendió por algunos segundos sus labores al toparse con la imagen.

Rehaciendo los caminos de su memoria, el artífice de ese universo en miniatura, convertido en uno de los puntos de paso obligado en el Suroeste de Antioquia durante diciembre y enero, advierte que daba la foto por perdida y no deja ocultar el orgullo que le produce ver cómo aquel pequeño montaje terminó volviéndose uno de los pesebres más grandes del país, que ha despertado incluso el interés de medios internacionales como la cadena hispana Univisión, en Estados Unidos.

Aunque Betancur se ha vuelto todo un maestro en el tema, explica que la primera vez que se midió a hacer un pesebre ni siquiera había alcanzado la mayoría de edad.

Parado cerca al altar del Santuario de San José, el arquitecto señala un rincón ocupado este año por tres baldaquinos amarillos en los que representó el nacimiento del niño Jesús y apunta que en ese mismo lugar se montó el primer pesebre.

“Yo estaba de unos 17 años cuando hice el primer pesebre para Venecia y lo hice acá. Tenía 36 metros cuadrados y estaba hecho de cartón paja. Ese pesebre se exhibió una vez, en el bodegaje se dañó y se quedó el pueblo sin el pesebre muchos años. Eso fue en 1982, más o menos”, recuerda.

Aunque Betancur se ha vuelto todo un maestro en el tema, explica que la primera vez que se midió a hacer un pesebre ni siquiera había alcanzado la mayoría de edad.

Parado cerca al altar del Santuario de San José, el arquitecto señala un rincón ocupado este año por tres baldaquinos amarillos en los que representó el nacimiento del niño Jesús y apunta que en ese mismo lugar se montó el primer pesebre.

“Yo estaba de unos 17 años cuando hice el primer pesebre para Venecia y lo hice acá. Tenía 36 metros cuadrados y estaba hecho de cartón paja. Ese pesebre se exhibió una vez, en el bodegaje se dañó y se quedó el pueblo sin el pesebre muchos años. Eso fue en 1982, más o menos”, recuerda.

Su cercanía con la iglesia Católica y su fascinación por la historia de San Francisco de Asís, a quien se le atribuye la primera recreación registrada de un nacimiento de Jesús, fueron los principales motores que lo llevaron a volverse acólito y darle vida a ese pesebre. Betancur luego terminaría adentrándose por los senderos de la arquitectura.

Así terminó formándose como arquitecto de la Universidad Pontificia Bolivariana y ejerciendo por más de tres décadas su profesión, hasta hace poco desempeñándose como curador urbano segundo de Medellín.

Sin importar su ajetreada vida laboral, la pasión por los pesebres nunca dejó de ocupar un lugar especial en la vida de Luis Fernando, generando que en 2004 regresara a su tierra natal, Venecia, para hacer un nuevo nacimiento, pero esta vez no de cartón paja, sino con materiales de la mejor calidad y aplicando los conocimientos que ya había adquirido en su trasegar profesional

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Después de casi dos décadas de permanecer guardada en el baúl de los recuerdos, una pequeña fotografía que capturó el primer pesebre que se instaló en la iglesia de Venecia volvió a ver la luz.

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El pasado 1 de diciembre, mientras ajustaba los últimos detalles del ya tradicional pesebre de ese municipio que se exhibe este año —compuesto por más de 370 edificaciones y más de 2.600 pequeños habitantes—, el arquitecto Luis Fernando Betancur Merino suspendió por algunos segundos sus labores al toparse con la imagen.

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Rehaciendo los caminos de su memoria, el artífice de ese universo en miniatura, convertido en uno de los puntos de paso obligado en el Suroeste de Antioquia durante diciembre y enero, advierte que daba la foto por perdida y no deja ocultar el orgullo que le produce ver cómo aquel pequeño montaje terminó volviéndose uno de los pesebres más grandes del país, que ha despertado incluso el interés de medios internacionales como la cadena hispana Univisión, en Estados Unidos.

Pesebre gigante en el municipio de Venecia, Antioquia. Atracción navideña ubicada en la iglesia principal es este pueblo del suroeste. Foto: Esneyder Gutiérrez

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Aunque Betancur se ha vuelto todo un maestro en el tema, explica que la primera vez que se midió a hacer un pesebre ni siquiera había alcanzado la mayoría de edad.

Parado cerca al altar del Santuario de San José, el arquitecto señala un rincón ocupado este año por tres baldaquinos amarillos en los que representó el nacimiento del niño Jesús y apunta que en ese mismo lugar se montó el primer pesebre.

“Yo estaba de unos 17 años cuando hice el primer pesebre para Venecia y lo hice acá. Tenía 36 metros cuadrados y estaba hecho de cartón paja. Ese pesebre se exhibió una vez, en el bodegaje se dañó y se quedó el pueblo sin el pesebre muchos años. Eso fue en 1982, más o menos”, recuerda.

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Su cercanía con la iglesia Católica y su fascinación por la historia de San Francisco de Asís, a quien se le atribuye la primera recreación registrada de un nacimiento de Jesús, fueron los principales motores que lo llevaron a volverse acólito y darle vida a ese pesebre. Betancur luego terminaría adentrándose por los senderos de la arquitectura.

Así terminó formándose como arquitecto de la Universidad Pontificia Bolivariana y ejerciendo por más de tres décadas su profesión, hasta hace poco desempeñándose como curador urbano segundo de Medellín.

Sin importar su ajetreada vida laboral, la pasión por los pesebres nunca dejó de ocupar un lugar especial en la vida de Luis Fernando, generando que en 2004 regresara a su tierra natal, Venecia, para hacer un nuevo nacimiento, pero esta vez no de cartón paja, sino con materiales de la mejor calidad y aplicando los conocimientos que ya había adquirido en su trasegar profesional.

Pesebre costumbrista móvil en el municipio de Venecia, el más grande de Latinoamérica. Personajes. Foto: Jaime Pérez Munévar]

Fue así como en ese año, el Santuario de San José volvió a ver un pesebre de gran formato, tras más de 20 años de espera.

“En 2004 volví y le dije al sacerdote de ese momento que quería volver a hacer el pesebre. Esta vez lo hice de madera, buscando que no se fuera a deteriorar tan rápido y un poquito más grande, de unos 60 metros cuadrados. Y ahí empieza el pesebre. Durante 18 años no he parado”, cuenta.

Como si se tratara de una especie de milagro, tras aquel primer pesebre de 2004, dicho universo empezó a agrandarse paulatinamente, hasta terminar ocupando una nave completa de la iglesia de Venecia e incluso competir por un Guinness récord en 2022.

No obstante, más allá de su descomunal tamaño, Betancur dice sentirse muy feliz y orgulloso por la originalidad que ha logrado su creación, en la que no solo brillan las tradiciones, formas y colores de la cultura antioqueña, que tienen un papel predominante en cada una de las partes, sino también los relatos bíblicos y hasta de la literatura universal que cobran vida.

Sin miedo a romper las reglas y mezclando diferentes universos de historias, el pesebre de Venecia tiene la recreación de relatos como el arca de Noé, la Torre de Babel, el incendio de Sodoma y Gomorra, pero también escenas del cuento de la Pinocho o de Caperucita Roja.

A fin de cuentas, dice el arquitecto, más que limitarse a recrear el nacimiento, que sigue ocupando el lugar central, el objetivo de todo el esfuerzo es deslumbrar a los niños y permitirles sumergirse en un mundo de fantasía.

Bajo esa premisa, Betancur advierte que no importa que la creación del pesebre sea tarea de todo un año, que los materiales corran por su bolsillo y que para trasladar las edificaciones y materiales tenga que hacer viajes desde su taller en Medellín hasta su finca en Venecia y luego de esta última a la iglesia. En este último trayecto, explica el arquitecto, el delicado trasteo tarda por lo menos una semana y toma 28 viajes.

“Esto para mí es muy bello, lo hago sin cobrarle nada a nadie. Es mi obra de Navidad”.

Una creación que se volvió patrimonio cultural del municipio de Venecia

Tras estar exhibido por 18 años consecutivos, y pasar de tener un área de 36 metros cuadrados a una de 260 metros cuadrados, el pesebre de Venecia se convirtió en uno de los atractivos turísticos más importantes de la subregión del Suroeste antioqueño en Navidad.

Además de sus 370 casas y cerca de 2.600 diminutos personajes, el pesebre también cuenta con cerca de un kilómetro de cables, más de 160.000 tejitas de barro, que deben ser colocadas una por una, y media tonelada de diminutos guijarros, para decorar los caminos y vías del pueblo imaginario.

Según confiesa el arquitecto Luis Fernando Betancur, ha sido tal el éxito del pesebre que incluso desde la curia en Medellín le han pedido considerar llevárselo para la capital antioqueña para hacer una exhibición permanente, una posibilidad que ha declinado por amor a su tierra natal y por considerar que el pueblo ya se apropió del mismo.